28_04_10
Sueño con serpientes, con serpientes de mar, con cierto mar, ay de serpientes, sueño yo.
Uso la letra de Silvio Rodríguez para empezar a contaros que sí, sueña con serpientes, pero a diferencia del cantautor cubano, ella sueña con serpientes de tierra adentro, con unos monstruos gigantescos que le aterrorizan y la obligan a dormir mal, sin descansar, entre pesadillas y sudores que la llevan al amanecer agotada y asustada, que le impiden disfrutar del amanecer y por el contrario, le disgusta tanto la luz colándose entre las persianas, que últimamente las cubre con toallas y mantas para impedir que entre siquiera un fino rayo de luz que se le clave hasta el mismo centro de su cabeza y la haga estallar. Le pasa esto desde hace años, ya ni recuerda lo que es levantarse tranquila y descansada, abrir las cortinas y disfrutar del roce del suave sol de la mañana en su rostro, hace tanto tiempo ya que estos seres que habitan su mente no la dejan tranquila que ha dejado de parecerse a ella, no se cuida, se deja llevar por el cansancio y dejó de hablar con sus amigos hace tanto ya que no recuerda ni sus nombres, ha perdido agendas, teléfonos, direcciones... la familia un día dejó de llamar también, era muy pesado venir a ayudarla, no tenían tiempo y poco a poco dejaron, uno a uno, de venir a verla, ahora está sola, ahora ya no ve a nadie, ahora está tan cambiada, ahora ya no se parece a ella.
Ahora ya no se parece a nadie
Ahora ya no se parece a nada, sólo a una serpiente, delgada y escamosa, que se desliza entre los cojines del sofá esperando a que se haga de noche, para poder volver a habitar su cabeza y volver a ser ella, aunque sólo sea una noche, sólo una más.
(el cuadro que ilustra este texto está inacabado, de hecho no sé si lo acabaré o se quedará tal cual le veis, sólo un dibujo)
Mañana más. O pasado...
13_04_10
Atlántico salvaje.
Acababa de amanecer hacía muy poco, y allí estaba yo, muerto de frío, temblando sobre mi tabla de surf, con una simple camiseta por todo abrigo y preguntándome cómo narices habían conseguido convencerme para pasar la noche en la playa, tirado sobre la arena, mal abrigado por una manta, resacado tras haber bebido no sé cuántas cervezas la noche anterior, alrededor de una hoguera que calentó mientras duró encendida, pero que dio paso tras apagarse, al asalto de insectos y bichos que durante el día nadie los ve, pero en cuanto desaparece el sol y la luz aparecen por todo los lados y te pican, los pequeños, los más grandes te muerden... estos dejan de llamarse bichos para ser roedores, y maldita la gracia que me hicieron cuando escuchabas unos grititos agudos cerca de tu espalda entre pesadillas y dolores producidos por aquel maldito guijarro que no viste al acostarte y que ahora se te clavaba en una vértebra.
Allí estaba yo, esperando que alguna ola viniese hacia mi, pues no pensaba ni podía hacer el esfuerzo de remar hasta cualquiera más alejada de dos o tres metros de donde me encontraba... y yo nunca me encontraba donde rompía la ola, allí estaba el resto, los que de verdad querían estar allí, los que disfrutaban levantándose a las seis de la mañana, se metían en el agua helada como si de una bañera caliente de espuma se tratara y disfrutaban como enanos surfeando olas enormes sobre las que parecían verdaderos bailarines ejecutando todas las piruetas que uno se pueda imaginar, dejando tras ellos unas estelas de espuma y millones de brillantes gotas de agua que te daban todas y cada una de ellas en los ojos cuando pasaban a tu lado, dejándote ciego e impidiéndote ver la primera ola enorme de la racha que se te venía encima.
Y la segunda.
Y la tercera.
Para la cuarta ya tomabas la decisión tantas horas retrasada de girar 180 grados y dirigir la punta de la tabla a la orilla y aprovechando la fuerza de la espuma de la siguiente ola, dejarte impulsar hasta ella. Allí, tras soltarme de la tabla, me tumbaba en la arena húmeda que se iba calentando por el sol y pensaba que con el dinero que me diesen por la tabla me compraría un reproductor de cd, y si me sobraba algo, a lo mejor unas gafas de sol, para todas las horas que me iba a pasar tumbado al sol en la arena ardiente, ahora que no pensaba volver a tocar una tabla de surf nunca más en la vida. Era una decisión firme.
Tan firme que tardé más de diez años en llevarla a cabo, y al final no la vendí, la cambié por una mountain bike que aún conservo y uso cada día para ir a trabajar, pero tardé diez años. Diez años pasando frío y preguntándome cómo narices habían conseguido convencerme para pasar la noche en la playa, tirado sobre la arena, mal abrigado por una manta, resacado tras haber bebido no sé cuántas cervezas la noche anterior.
Algunas veces creo recordar que hasta cogía alguna ola y todo, o quizá lo soñé mientras me picaba algún bicho, no sé...
(la foto que ilustra esta entrada es en La Palma, el charco azul, y la imagen es una HDR, tres tomas a diferente diafragma, etc... una concesión a la espectacularidad de la que no soy partidario, pero lo reconozco, he sucumbido en esta ocasión, disculpadme)
Mañana más. O pasado...
24_03_10
Así comenzó todo.
Ya por la mañana hacía demasiado frío, salir de la cama fue toda una epopeya, llegar al baño no os cuento y quitarse la ropa para entrar en la ducha casi un suicidio, pero el agua caliente, bendito invento, pudo con todo, y al fin, bien pertrechado, me lancé a la calle a sufrir otra bofetada de frío en plena cara. Y es que no estamos acostumbrados por estas tierras a estas cantidades de nieve ni a estas temperaturas, la foto registra sólo el comienzo de la nevada, además, en el centro de Barcelona la cosa fue leve, muy leve comparado con otras zonas que lo han pasado peor... pero a lo que iba, que uno que es un lanzado, se decidió a sacar las manos de los bolsillos y a empuñar la cámara y, a pesar de estar congelándome los dedos, no pude resistirme a sacar esta foto, de hecho fue la misma foto la que me pidió a gritos que la atrapara, ¡¡¡Vamos, date prisa que me escapo!!!
Por suerte, por una vez en la vida hice las cosas a tiempo, y me parece que no del todo mal.
Mañana más. O pasado...
02_12_09
Yo sólo la recuerdo a ella.
Aunque me decían los amigos que eran tres. Pues yo sólo la recordaba a ella. No sé si fue su forma de mirarme, quizá el perfume que dejaba tras de si, tal vez fue toda ella la que me dejó como hipnotizado, en una estado de total y absoluto ensimismamiento, tanto que no recuerdo ni cuándo se marchó, ni cómo, ni a dónde... De hecho, a pesar de no saber cuánto tiempo estuvo allí, ni siquiera a mi lado, apenas cerca, la sensación que quedó impregnada en mi cerebro fue la de haber estado una eternidad observándola, dejándome seducir por ese aura enigmática y mágica que la rodeaba.
Estaba tan atrapado por su embrujo que no supe o no pude reaccionar de la manera más lógica, ni siquiera de una manera instintiva, nada, cero. No pude ni dirigirle la palabra, ni moverme hacia ella, creo que ni de pestañear fui capaz. ¿Cómo iba a ser yo capaz en tal estado de preguntarle su nombre, impensable obtener su número de teléfono, quedar en otro momento o proponerle una cita, una cena, un café, cualquier cosa menos lo único que pude hacer, estarme allí plantado como un pasmarote, inmóvil, habrá pensado que soy idiota o algo parecido, o algo peor. Pero sí hay una cosa que me dejó, sin pedírselo, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, y fue su imagen, se me quedó grabada como un tatuaje, indeleble, pero como la memoria es traicionera y débil, y con los años voy notando que los recuerdos se diluyen poco a poco como una gota de tinta en el agua, me apresuré a dejarla allí, en el lienzo, donde podrá permanecer cual recordatorio de ese momento que dudo que nunca se vuelva a repetir, aunque quién sabe, quizás un día, por la calle, vuelva a sentirme hipnotizado...
Si eso vuele a pasar, me pregunto si esta vez tendré el valor de decirle que me acabo de enamorar...
Mañana más. O pasado...
10_06_09
Y poder volar...Cerrar los ojos. Sentir que el cuerpo se relaja. Permitir la entrada al descanso. Perder la consciencia. Rendirse al sueño reparador. Disfrutar de la sensación de flotar. Ignorar las señales del exterior. Desconectar los cables de sus enchufes. Pasar al modo automático. Apagar todas las señales luminosas.
Volumen off.
Nada.
Silencio.
Paz.
Mañana más. O pasado...
o no.
22_05_09
Por favor, no te muevas...Y así poder congelar este instante, guardarlo en la memoria, permitir que el lienzo venza al olvido, mantenerte inmóvil y despierta para siempre, asegurarme de que siempre estarás cerca recogida, abrazada a ti misma, desviando la mirada evitando así responder lo que yo tampoco quiero escuchar. Permitamos que se detenga el tiempo y la luz no llegue jamás a tocar tu pálida piel, no fuera a ser que se desvanezca la ilusión con el primer rayo de sol y me encuentre de nuevo cerrando las cortinas para tratar de recuperar el sueño y quizá, con mucha suerte, volver a soñarte recogida, abrazada a ti misma, desviando la mirada...
Vivir un sueño es hermoso y liberador, es un paseo por el paisaje del subconsciente alejado del pudor y de cualquier freno racional, pero es aún más hermoso intentar convertirlo en realidad y mantenerlo vivo, latente, poder tocarlo sin miedo a despertar y perderlo todo en un suspiro.
De cualquier manera, siempre es muy agradable soñar...
...incluso despierto.
Mañana más. O pasado...
06_04_09
La exposición del siglo.
He exagerado en el título, pero por lo que nos ha costado ponerla en marcha podría ser cierto. Sólo unas pocas imágenes, mucha gente, reflejos, hablar, hablar... pocas ganas de sacar fotos, el cava estaba demasiado bueno como para perder el tiempo disparando la cámara... las manos no daban para más, entre saludar y sostener el vaso... al final menos mal que hubo alguien menos vago que yo o de otra manera, os lo contaría sin imágenes.

Ha sido gratificante, divertido, estimulante, y aún dura... a ver si nos quedan ganas para montar otra.
Mañana más. O pasado...